Si bien el acontecer de las pintadas en Madrid tiene unos orígenes de varias décadas atrás, sus pasos son relativamente jóvenes. Al igual que su democracia, apenas conformada a mediados de los setentas,  las posibilidades reales de expresión en los muros comienzan a consolidarse en los años ochenta.  De tal forma, los muros en varias localidades españolas fueron protagonistas de la resistencia y de las influencias estéticas de otras geografías para así empezar a retratar el panorama político del momento. 

Sin lugar a dudas, la crisis económica de 2008, que afectó de manera directa a la clase trabajadora española, se constituyó en un momento álgido donde la diversidad cultural de ciudades como Madrid despertaron sentimientos nacionalistas de los más conservadores, pero también resistentes por parte de diversos grupos que sentían que frente a sus narices los bancos y el gobierno jugaban con el bienestar de millares de familias españolas y migrantes.

 

Es así como las pintadas que aquí se recogen se concentran en las barriadas tradicionales e históricas de Malasaña, Embajadores y Lavapiés, este último con una tradición de albergar y acoger migrantes de diversas procedencias, de allí que las pintadas no fueran ajenas al contexto y a la situación de ghetto en la que viven muchas de estas personas que por diversas circunstancias terminaron en el corazón de la capital española.