Marginadas y marginados

October 12, 2015

El proyecto Pintadas como medio de comunicación ciudadana también sirvió para identificar los temas que forman parte de esa especie de agenda informativa paralela que se encuentra en las paredes de las calles, así como los sectores de población a los que se alude en la elaboración de las imágenes.

 

Dichos temas y sectores, de acuerdo con las observaciones, corresponden en mayor medida a hechos y situaciones coyunturales: paro agrario, marcha de estudiantes y de profesores, protesta ante medidas económicas adoptadas por el gobierno. En contraste, las temáticas y los fragmentos sociales menos tratados en las pintadas corresponden a lo que podría llamarse “lo marginado”: la mujer, los derechos humanos, las comunidades indígenas y afrodescendientes. Mención aparte merece la gran cantidad de imágenes que no responden a ninguno de los elementos mencionados.

 

 

Podría decirse que, cuando una pintada se refiere al reclamo de mejores condiciones educativas o a la defensa del campesinado ante medidas oficiales que no le benefician, se están promoviendo derechos humanos –derecho a la educación, al trabajo, a una economía justa-. También se puede decir que muchas de las pintadas analizadas corresponden a un sector de la ciudad tradicionalmente considerado como el lugar natural para la protesta a gran escala debido a que dicho sector alberga sedes de gobierno, de autoridad. Por lo tanto, es muy difícil que en medio de “la candela” haya tiempo para expresiones estéticas elaboradas, con mayores contenidos.

 

Ahora bien, y por ejemplo: ¿decir “campesino” en una pintada implica de manera explícita al campesino indígena o afrodescendiente? ¿Cómo poder entonces percibir los matices de un concepto tan amplio en tan poco espacio, con tan poco tiempo de redacción, especialmente cuando la fuerza del orden va detrás del autor en medio de la manifestación? ¿Cómo percibir una posición femenina en el reclamo que se plasma en las paredes por una educación más justa? En mi opinión, el problema aquí es que, por diversos motivos, se reducen las múltiples caras de los derechos cuando dejamos que las situaciones coyunturales sean los detonantes de la manifestación gráfica. Lo cual cuestiona, hasta cierto punto, la propuesta comunicativa de las pintadas.

La cosa se complica cuando entre autores y autoras se marginan mutuamente. En la carrera séptima, varias rejas de comercios están cubiertas por frases que se superponen unas a otras, reclamando cada una la urgencia de ser atendida. En un momento dado, son tantas que ninguna dice ya nada. La persona que escribe, entonces, ¿no se dará cuenta de que está sumando un ladrillo más al muro del ruido cuando escribe sobre lo ya escrito? ¿Por qué lo hace? ¿En qué se parecen estas rejas a tantos dibujos incomprensibles que abundan en las paredes de la ciudad, hechas por personas que aparentemente asocian su rebeldía con el no hacerse entender? ¿Dónde queda el derecho a la palabra manifestado en la pintada si lo empleo para evitar que el otro lo ejerza, y más aún cuando probablemente ese otro está diciendo algo similar a lo que yo expreso?

 

Todo lo relacionado hasta aquí es el conjunto de síntomas de una necesidad y un problema latentes en nuestra sociedad: el requisito del reconocimiento y de la expresión libre que, al ser repelidos por los centros de poder, hacen cualquier cosa por manifestarse. Cualquier cosa, incluso anular otros ejercicios de exteriorización, hacer invisibles otras facetas de la realidad.

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