Tijuca: los muros que se resisten al silencio

July 21, 2017

El pasado junio, tuvimos la oportunidad de visitar Río de Janeiro, una de las ciudades que en nuestra diversa Latinoamérica suele aparecer como una de las infaltables entre los viajeros. No obstante, más allá de Copacabana, Ipanema y el Cristo Redentor existen otros rostros de la ciudad que vale la pena conocer. Es el caso del barrio Tijuca que se adentra a una ciudad mucho menos romántica e idealizada por las agencias turísticas, se trata más bien de un sector popular donde se encuentran visos más claros de quienes viven a diario en Río de Janeiro.  

 

Para tal fin, contamos con la guía local de Nina Gani, una brasilera que al encontrarse con la creciente actividad grafiti de la ciudad, hace unos pocos años decidió crear el Rio Street Art Tour para que visitantes de muchas partes del mundo tuvieran la oportunidad de recorrer, con contexto, diversas zonas de la ciudad y agudizar así el ojo sociológico de quien gusta de la comunicación que se plasma en las paredes del espacio público.

 

El recorrido inició en la estación de Metro São Francisco Xavier, y desde el primer instante Nina advirtió sobre el progresivo refinamiento que tendrían nuestros sentidos. Empezamos conociendo el trabajo de Miguel Vida, quien con recursos pictóricos y frases claves, estructura mensajes que en medio de trazos curvos nos conducen a ese punto de confraternidad, de encuentro y de alteridad.  

Conforme recorremos el barrio, van apareciendo extensas galerías al aire libre con arte callejero, con una riqueza visual importante. Algunos mensajes algo autoreferenciales respecto a su rol como artista, otros menos tímidos se atreven a hablar del otro, del hermano, pero también del enemigo. Sin embargo, Nina nos advierte respecto a la relación directa entre pintadas con contenido político y su rápida censura, tal parece, son oasis que se encuentran fugazmente en el paisaje. De hecho, solo hallamos en todo el recorrido un "Fora Temer", seguramente al poco tiempo desaparecerá, aún así resulta ser un clamor resistente frente a todo lo que vive Brasil por estos tiempos. 

 

La censura, asegura Nina, se relaciona con una ambigua ley que regula el grafiti en la ciudad, donde si bien hay una práctica mucho más libre también está atravesada por intereses de los gobiernos de turno, quienes han preferido acciones populistas para quedar bien ante la opinión pública. De allí que muchas de las pintadas que resulten muy críticas o toquen fibras sensibles de la política están condenadas a ser anónimas y casi siempre a desaparecer.

 

No obstante, se respira en Tijuca un ambiente de compañerismo entre los grafiteros, con la usual rivalidad entre algunos de ellos por supuesto, pero que se reduce más a una lucha habitual por tener más espacios para sus pintadas. También, el barrio ha venido construyendo paisajes visuales que el ciudadano reconoce como parte de su barrio, quizás como un intento para mitigar la violencia que cada tanto circunda por sus calles, donde se dan episodios de violencia, entre jóvenes, entre iguales, entre hermanos. 

 

Caze, Eco, ACME,  Bobi, Life, Jay y Meton son algunos de los muchos que destacan en los muros de Río, muchos de ellos haciendo énfasis en que no son delincuentes, en que su labor es una forma de comunicar, de dejar huella y de darle a la ciudad una forma distinta de exaltar sus cualidades, sus virtudes, sus comunidades. 

 

 Galería Tijuca: https://www.paredesquecomunican.com/riodejaneiro-2017

 

 

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