Trípido Eterno 

El asesinato de Diego Felipe Becerra el 19 de agosto de 2011 se constituyó en un punto de inflexión que transformó el panorama del grafiti en Bogotá. Conocido entre sus amigos como “Trípido”, Diego Felipe de 17 años generó un revuelo mediático a razón de los confusos hechos que enmarcaron su muerte. 


En principio se le acusó al joven asesinado de haber portado un arma de fuego y cometer un robo en un autobús del servicio público. Lo cual sería desmentido durante el proceso de la investigación. Tiempo después, se le acusó al patrullero Wilmer Antonio Alarcón como el autor material del homicidio, lo que también permitió descubrir una alteración de la escena del crimen, ordenada al parecer por altos mandos de la Policía Nacional. 


Sin embargo, tras cinco años del proceso el patrullero Alarcón fue dejado en libertad por vencimiento de términos. Paradójicamente, después de esta determinación, el Juez 43 de Conocimiento de Bogotá emitió un sentido de fallo condenatorio contra Alarcón, por el homicidio de Diego Felipe. A la fecha, el caso sigue en la impunidad, con el actor material prófugo de la justicia (Ramírez, 2016).


El revuelo mediático en torno al asesinato de Trípido reabrió el debate en torno a la necesidad de regular y sancionar la práctica del grafiti en la ciudad. Pocos meses después, la alcaldesa encargada Clara López firmaría el Acuerdo Distrital 482. Punto de partida para que posteriormente durante la Alcaldía de Gustavo Petro se crearan las Mesas Locales de Grafiti conformadas por artistas urbanos de las diferentes localidades de la ciudad, impulsando así el diálogo, la creación, el fortalecimiento y la circulación en torno al grafiti.


Estos escenarios de debate confluyeron en la firma del decreto 075 de 2013 y en su posterior modificación 2 años más tarde con el decreto 529. Dichos marcos legales establecen definiciones, lugares autorizados y prohibidos para la práctica del grafiti, multas, comités para la regulación e incluso temporalidades de las obras pintadas que cuenten con el aval de la alcaldía.


Es así, como cada agosto se convocan artistas del aerosol para renovar con intervenciones artísticas en el puente de la Avenida Boyacá con calle 116, donde se conmemora a Diego Felipe, la impunidad de la que gozan varios de los implicados en su asesinato y donde también se reivindica la práctica del grafiti como una forma ciudadana de expresarse.